Cada dato de un cliente —su identidad, sus saldos, sus movimientos— es información sensible que debes custodiar. Un incidente de seguridad no solo genera pérdidas económicas y sanciones: erosiona la reputación construida durante años. Estas son las prácticas fundamentales.

1. Cifrado de datos

La información debe viajar y almacenarse cifrada, tanto en tránsito (cuando se envía por internet) como en reposo (cuando se guarda en la base de datos). Así, aunque alguien intercepte los datos, no podrá leerlos.

2. Control de acceso por roles

No todos deben ver todo. Cada usuario accede únicamente a lo que su función requiere, y cada acción queda registrada en una bitácora de auditoría. Esto limita el daño ante errores o accesos indebidos.

3. Respaldos y continuidad

Los respaldos automáticos y un plan de recuperación aseguran que, ante una falla, un ataque o un desastre, tu operación pueda restablecerse rápidamente sin perder información.

4. Desarrollo seguro

La seguridad empieza en el código. Un proveedor serio sigue buenas prácticas (como las guías OWASP) y realiza pruebas para prevenir vulnerabilidades conocidas antes de que lleguen a producción.

5. Personas: la primera línea

La mayoría de los incidentes empiezan por un descuido humano. Capacita a tu equipo para reconocer correos de phishing, usar contraseñas fuertes y activar la autenticación de dos factores.

Qué exigirle a tu proveedor de software

  • ¿Cifran los datos en tránsito y en reposo?
  • ¿El sistema tiene control de acceso por roles y bitácoras de auditoría?
  • ¿Cómo y cada cuánto se realizan los respaldos?
  • ¿Siguen prácticas de desarrollo seguro y hacen pruebas de vulnerabilidades?
  • ¿Qué plan de respuesta existe ante un incidente?

Si un proveedor no puede responder con claridad a estas preguntas, es una señal de alerta.

Seguridad de nivel bancario en tu software

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